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Los objetos culturales de 'La peor persona del mundo'

Ese libro que te marcó de adolescente y que compraste en una librería especial. El DVD de tu película favorita. La entrada del primer concierto de tu ídolo de la infancia. Recuerdo con especial cariño el último CD que compré en una tienda: Waterloo to Anywhere , de Dirty Pretty Things, la banda que formó Carl Barat tras separarse de Pete Doherty y que puso fin, así, a The Libertines. Hace unos días regresé a la que, para mí, es una de las mejores películas del siglo XXI: La peor persona del mundo . Julie, la protagonista, representa en parte a quienes seguimos buscando un lugar y todavía no sabemos muy bien qué hacer con nuestras decisiones. Julie salta de una vocación a otra, de una relación a otra, intentando responder a la presión social de ser alguien madura, estable y definida, cuando en realidad es alguien en construcción (¿alguna vez dejamos de estarlo?). Vive con esa sensación constante de llegar tarde y de no cumplir con lo que se espera de ella. Cerca del final de la pelíc...
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El puzzle de 'La llegada del hijo'

El amor de una madre lo aguanta todo. O, al menos, eso es lo que impone la sociedad, ya sea por tradición, cultura o costumbre. ¿Pero es así? ¿Un hijo puede hacer cualquier cosa y ser perdonado siempre por ese vínculo que parece indestructible? ¿Hasta qué punto una madre debe cargar con todo lo que su hijo no puede —o no quiere— asumir? La llegada del hijo —a la que fui un poco por descarte, porque era la única que encajaba por horario— me cogió por sorpresa y me gustó precisamente por cómo plantea este dilema. Desde el perdón, el duelo y la maternidad, propone una pregunta vital: ¿dónde termina la responsabilidad de una madre? A lo largo de la película se cuelan escenas en las que la protagonista está montando un puzzle. Este símbolo articula la historia. Está en la forma de narrar, saltando entre pasado y presente de una historia fragmentada, como los recuerdos. Pero también describe la parte emocional: Sofía, la madre, trata de recomponer las piezas de un amor oculto, el rechazo vi...

Los pucheros de 'La buena letra'

  “La buena letra es el disfraz de las mentiras”. Esta es la cita con la que comienza la película La buena letra . Es el marco mental que te sitúa incluso antes de que arranque la historia: todo lo que luce bello pero está vacío, esconde falsedad y carece de autenticidad en medio de una época de privaciones. Sin embargo, en este contexto opresivo, lo que más me llamó la atención fue el juego que propone la película con la comida y su evolución a lo largo del relato: la necesidad de beber achicoria en lugar de café por su elevado precio. O los guisos preparados casi exclusivamente con laurel que Ana, la protagonista, cocina en casa y que se convierten en el sustento familiar junto con pieles de naranja hervidas. A través de la comida, la historia revela las dificultades que atravesó una familia de vencidos en los años posteriores a la Guerra Civil. Algo similar a lo que ocurre hoy en Gaza. Hace unos días, el periodista Mikel Ayestarán recibió el Premio Ortega y Gasset por su cobertu...